• Claudia andrea lopez vidal

    Miembro
    septiembre 20, 2025 en 8:14 pm

    Buenas tardes.
    Teniendo en cuenta los riesgos y factores de protección frente al consumo de sustancias psicoactivas y la salud mental en la comunidad de la cruz Nariño, como psicóloga he tenido la oportunidad de observar la realidad de nuestro municipio y las dinámicas que influyen en el bienestar emocional y social de nuestra gente, esta experiencia me a permitido identificar tanto los riesgos como los factores de protección que inciden en la salud mental de la población y en la prevención del consumo de sustancias psicoactivas, en nuestra comunidad algunos factores de riesgo que se evidencian son: fragmentación familiar y ausencia de acompañamiento parental que dejan a niños y adolescentes sin orientación adecuada, aumentando en su vulnerabilidad, escases de programas preventivos permanentes, lo que limita el trabajo en sensibilización y educación para el autocuidado, normalización del consumo en algunos entornos sociales y espacios públicos lo que facilita el acceso a las sustancias y genera curiosidad en los jovenes, Falta de oportunidades de empleo y formación educativa que deriva en frustración y en la búsqueda de escape a través de conductas de riesgo, poca visibilizacion de la salud mental como prioridad lo que ocasiona que muchas personas no busquen ayuda profesional hasta que la situación se agrava.
    A pesar de estas dificultades, La Cruz también cuenta con importantes factores de protección que pueden fortalecerse como son: La familia y la comunidad solidaria que en muchos casos sigue siendo un espacio de cuidado y acompañamiento, la participación comunitaria y el liderazgo local, que son herramientas valiosas para promover iniciativas colectivas en pro de la salud mental, desde mi experiencia profesional considero que el reto mas grande en La Cruz es articular esfuerzos institucionales y comunitarios para que la prevención no sea una actividad aislada, sino un compromiso colectivo para construir un municipio mas sano, fuerte y resiliente
    Estoy convencida que si potenciamos nuestros factores de protección y reducimos los riesgos podremos transformar la historia de muchas familias en la cruz.

  • LIDA DAYANA MUÑOZ GUERRERO

    Miembro
    septiembre 23, 2025 en 4:56 pm

    Riesgos y Factores Protectores frente a la Salud Mental y el Consumo de Sustancias en La Cruz, Nariño: Una Reflexión desde mi Experiencia Profesional

    A partir de mi experiencia profesional en el acompañamiento de personas en procesos de rehabilitación y en la promoción de la salud mental en el municipio de La Cruz, Nariño, he podido identificar diversos riesgos y factores protectores que inciden de manera directa en el bienestar psicológico y social de la población.

    Riesgos Identificados:
    En el trabajo de campo y en la atención de usuarios he evidenciado que uno de los principales riesgos es la exposición temprana de adolescentes y jóvenes a sustancias psicoactivas, debido a la fácil disponibilidad de estas en algunos sectores y a la influencia de pares. La falta de espacios de recreación y ocupación saludable, sumada a la limitada oferta de programas culturales, deportivos y de emprendimiento, deja a los jóvenes en una situación de vulnerabilidad.
    Otro riesgo relevante es la presencia de entornos familiares disfuncionales, caracterizados por violencia intrafamiliar, comunicación deficiente o desintegración familiar, lo que incrementa la probabilidad de desarrollar consumo problemático. Asimismo, la escasa cobertura de servicios de salud mental en las zonas rurales dificulta la detección temprana de trastornos emocionales y prolonga el sufrimiento psíquico de muchas personas.

    Factores Protectores Identificados:
    No obstante, también he encontrado fortalezas que actúan como factores protectores. La cohesión comunitaria es una de las más valiosas: la población de La Cruz mantiene fuertes lazos solidarios y apoyo mutuo en situaciones de crisis. La presencia de instituciones educativas comprometidas con proyectos de convivencia escolar y campañas de prevención abre una ventana de oportunidad para trabajar de manera articulada.
    Otro factor protector es la resiliencia cultural y espiritual de la comunidad, que se expresa en las tradiciones, celebraciones y en la práctica de valores que fomentan el sentido de pertenencia y el respeto por la vida. Además, el creciente interés de las autoridades locales por implementar programas de salud pública y prevención del consumo representa un recurso para generar acciones sostenidas.

    Mi experiencia me ha llevado a comprender que el reto está en potenciar estos factores protectores mediante la creación de entornos ocupacionales significativos y programas comunitarios que fortalezcan la salud mental y prevengan el consumo. Al mismo tiempo, es necesario intervenir sobre los riesgos, generando estrategias de educación, atención temprana y fortalecimiento familiar que reduzcan la vulnerabilidad y promuevan proyectos de vida saludables.

  • ANYI OBANDO

    Miembro
    septiembre 23, 2025 en 5:31 pm

    Desde la perspectiva de la psicología, es fundamental comprender que el consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes no puede abordarse únicamente como un problema individual o clínico, sino como un fenómeno profundamente arraigado en los determinantes sociales de la salud. En contextos como el del municipio de El Cruz, Nariño, donde los jóvenes enfrentan múltiples vulnerabilidades sociales, económicas y familiares, se vuelve aún más urgente implementar estrategias integrales y contextuales. Como profesionales de la psicología, nuestro aporte debe centrarse en la prevención psicoeducativa, mediante talleres en instituciones educativas que fortalezcan la autoestima, las habilidades sociales, el manejo emocional y la construcción de un proyecto de vida. Estas herramientas son claves para reducir la vulnerabilidad individual frente al consumo. El acompañamiento a las familias, fortaleciendo los vínculos afectivos, la comunicación y los modelos parentales saludables. Sabemos que la familia puede ser tanto un factor de riesgo como un factor protector crucial.
    En conclusión, desde la psicología tenemos la responsabilidad de incidir no solo en el acompañamiento individual, sino también en la transformación de los entornos donde los adolescentes viven y se desarrollan. Solo así podremos contribuir de manera efectiva a la prevención del consumo de sustancias psicoactivas y al fortalecimiento de comunidades más saludables y resilientes.

  • MARIA FERNANDA VILLOTA GARCIA

    Miembro
    septiembre 25, 2025 en 11:21 am

    Desde mi experiencia y desarrollo profesional como trabajadora social en el ámbito del consumo de sustancias psicoactivas (SPA) y la presencia de patologías de salud mental, los cuales son fenómenos complejos y multifactoriales, he evidenciado la influencia de diversos factores de riesgo y protección a nivel social, institucional y genético. A nivel social, los factores de riesgo incluyen la presencia de entornos familiares disfuncionales, la violencia intrafamiliar, el abandono, la pobreza, la exclusión social, la presión de pares y la exposición a situaciones de abuso o trauma. Estos factores pueden incrementar la vulnerabilidad de las personas al consumo de sustancias y al desarrollo de trastornos mentales. Por el contrario, factores protectores como el apoyo social y familiar, la comunicación efectiva dentro del núcleo familiar, la participación en actividades comunitarias y el acceso a entornos sociales inclusivos pueden fortalecer la resiliencia y reducir significativamente el riesgo. En cuanto a los factores institucionales, el acceso limitado a servicios de salud mental, la falta de programas preventivos, la escasa formación del personal sanitario y educativo, y la ausencia de políticas públicas eficaces constituyen riesgos relevantes que dificultan la atención integral de estas problemáticas. En cambio, instituciones que ofrecen servicios de salud mental accesibles, programas de prevención, intervención temprana y acompañamiento psicosocial, junto con políticas claras y coordinadas entre sectores, actúan como factores protectores fundamentales. Finalmente, a nivel genético y biológico, la predisposición hereditaria a trastornos mentales o al consumo de SPA representa un factor de riesgo importante, especialmente si existen antecedentes familiares de estas condiciones. Sin embargo, la ausencia de estas predisposiciones, junto con un adecuado desarrollo neurobiológico y estilos de afrontamiento saludables ante el estrés, pueden constituir factores protectores. En conjunto, la identificación y el abordaje de estos factores es esencial para diseñar estrategias efectivas de prevención, intervención y tratamiento, que promuevan el bienestar integral de las personas y sus entornos.

  • DAYANA MARCELA DELGADO BOLAÑOS

    Miembro
    septiembre 27, 2025 en 3:26 pm

    Desde la perspectiva de mi profesión como enfermera, el abordaje del consumo de sustancias psicoactivas en jóvenes requiere comprender no solo las consecuencias clínicas del consumo, sino también los múltiples factores de riesgo y de protección que influyen en este comportamiento. La enfermería, al tener una visión holística del cuidado, juega un rol fundamental en la prevención, detección temprana y acompañamiento de los jóvenes en contextos vulnerables.
    Entre los principales factores de riesgo se destacan:
    • Ambiente familiar disfuncional: la falta de comunicación, negligencia, violencia intrafamiliar o la presencia de consumo en el entorno familiar pueden aumentar la vulnerabilidad del joven.
    • Presión de grupo y necesidad de aceptación social, especialmente en entornos escolares o sociales donde se normaliza el uso de sustancias.
    • Problemas de salud mental no diagnosticados, como depresión, ansiedad o baja autoestima, que pueden llevar al consumo como una forma de evasión.
    • Acceso fácil a sustancias psicoactivas, ya sea por disponibilidad en la comunidad, redes sociales o falta de control en la venta.
    • Débil vínculo con la escuela y bajo rendimiento académico, lo que puede generar frustración y favorecer la búsqueda de gratificación inmediata a través del consumo.
    • Modelos sociales que promueven el consumo, incluyendo contenidos en redes sociales o medios de comunicación que minimizan los riesgos asociados.
    Factores protectores: que reducen la probabilidad de consumo y fomentan un desarrollo saludable:
    • Vínculos familiares sólidos, con adultos significativos que proporcionen apoyo, afecto y guía.
    • Educación emocional y habilidades para la vida, que permitan al joven afrontar situaciones difíciles sin recurrir al consumo.
    • Participación activa en espacios sociales o comunitarios, como actividades deportivas, culturales o artísticas, que brindan sentido de pertenencia.
    • Redes de apoyo escolar y comunitario, que detecten signos de alerta y acompañen de forma oportuna.
    • Acceso a servicios de salud con enfoque preventivo, donde el profesional de enfermería puede actuar como educador, orientador y acompañante del proceso de desarrollo integral del joven.
    Desde enfermería, es fundamental promover espacios de escucha activa, identificar signos tempranos de riesgo, y trabajar en la promoción de estilos de vida saludables. Asimismo, se debe fomentar una comunicación efectiva con las familias y comunidades, para generar entornos seguros, protectores y libres de estigmas.
    El desafío es grande, pero el rol de enfermería es estratégico y transformador en la construcción de una juventud más consciente, informada y resiliente frente al consumo de sustancias.

  • viviana katerine martinez rangel

    Miembro
    septiembre 29, 2025 en 10:05 pm

    Desde el rol de auxiliar de enfermería, es importante reconocer que el consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes no debe verse sólo como un problema médico o individual, sino como una situación influenciada por muchos factores sociales, familiares y emocionales. En comunidades como la del municipio de El Cruz, Nariño, donde los jóvenes enfrentan condiciones difíciles como la pobreza, el conflicto familiar o la falta de oportunidades, es fundamental trabajar de manera cercana y comprometida con ellos y sus entornos. Nuestro trabajo va más allá del cuidado físico; también podemos aportar en la prevención a través de la educación en salud. Realizar charlas y actividades en instituciones educativas sobre los riesgos del consumo de drogas, el autocuidado, el fortalecimiento de la autoestima y el manejo de emociones es una manera efectiva de brindar herramientas que protejan a los adolescentes. Estas acciones contribuyen a que los jóvenes tomen decisiones más conscientes y saludables. Además, el acompañamiento a las familias es clave. Como auxiliares de enfermería, muchas veces somos el primer contacto en los servicios de salud, y eso nos permite orientar a los padres sobre la importancia de la comunicación, el afecto y el ejemplo en la crianza. Una familia unida y presente puede ser un factor protector muy poderoso frente al consumo de sustancias. En conclusión, desde nuestro rol en el equipo de salud, tenemos la responsabilidad de apoyar no solo en el cuidado físico, sino también en la promoción de entornos más sanos y seguros para los adolescentes. A través del trabajo comunitario y educativo, podemos contribuir a prevenir el consumo de sustancias y a fortalecer el bienestar de las familias y la comunidad.

  • JULIETH ALEXANDRA MUÑOZ GUERRERO

    Miembro
    octubre 1, 2025 en 10:21 pm

    Desde mi experiencia como regente de farmacia, he tenido la oportunidad de observar de cerca el impacto que tiene el consumo de sustancias psicoactivas (SPA) y los trastornos de salud mental en las comunidades, especialmente en los sectores más vulnerables. Estas problemáticas no solo afectan a nivel individual, sino que reflejan dinámicas sociales, culturales e institucionales que deben ser abordadas de manera integral. En mi labor diaria dentro del establecimiento farmacéutico y en articulación con campañas de promoción de la salud, he podido identificar factores de riesgo que inciden directamente en el aumento del consumo de SPA, como los entornos familiares inestables, la violencia doméstica, la falta de orientación en el uso adecuado de medicamentos y la automedicación. Además, el fácil acceso a productos farmacológicos con potencial de abuso, como algunos ansiolíticos o analgésicos, representa un riesgo cuando no existe un control adecuado o supervisión profesional.
    Desde el punto de vista institucional, uno de los mayores retos es la limitada cobertura de servicios en salud mental, la falta de rutas claras para el tratamiento de personas con consumo problemático y la escasa capacitación del personal de salud en el manejo de estas situaciones. Como regentes, muchas veces somos el primer punto de contacto con el usuario, pero carecemos del apoyo interinstitucional necesario para garantizar una atención integral. También he observado que la educación farmacéutica dirigida a la comunidad es un factor protector poderoso. Cuando las personas reciben información clara sobre los efectos secundarios, interacciones y riesgos de abuso de ciertos medicamentos, se fortalece su capacidad de tomar decisiones informadas. De igual manera, el trabajo conjunto con otros actores de salud, como psicólogos, médicos y trabajadores sociales, permite establecer redes de apoyo más efectivas. En cuanto a los factores biológicos o genéticos, aunque no es nuestra competencia directa diagnosticar predisposiciones hereditarias, sí es común atender a familias en donde varios miembros presentan patrones de consumo o trastornos similares. Esto resalta la necesidad de un abordaje preventivo desde edades tempranas y con enfoque familiar. En conclusión, como regente de farmacia considero que es fundamental reforzar el rol del establecimiento farmacéutico como un aliado estratégico en la promoción de la salud mental y la prevención del consumo de SPA, no solo a través de la dispensación responsable de medicamentos, sino también mediante la educación, el acompañamiento y la articulación con programas comunitarios de salud.

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